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Coleta Morada y piel fina

A ver si te enteras, chaval, que aquí solo tenemos derecho a insultar nosotros
Si por algo se ha distinguido Pablo Iglesias y Podemos desde su irrupción en la vida pública es por sus insultos, por desbarrar y por su descaro. Lo que cualquier persona normal consideraría un insulto para ellos es decir una verdad. Pueden llamar cuñados a unos, tontos y subnormales a otros, delincuentes, fascistas, fachas, casta, mafia, ladrones, corruptos y gentuza, pero ellos están en su derecho. Los demás deben hacer lo que los niños en una reunión de mayores, oír, ver y callar. Ellos marcan los límites, los suyos (siempre ilimitados) y los de los demás (siempre limitados por ellos mismos).

El ABC del macarra y el acosador es así de simple, es una ley del embudo de toda la vida. Lo ancho para ellos y lo estrecho para los demás. No hay nada peor para un acosador que el hartazgo de la víctima y la falta de gente para protegerse. En cuanto la víctima se cansa y le suelta el guantazo la reacción suele ir de la sorpresa a la búsqueda inmediata de la protección de los amigotes. El acosador tiene en su ADN la cobardía de no actuar nunca solo y de no saber qué hacer cuando es respondido con contundencia por el acosado.

Podríamos hacer una lista casi interminable de los insultos que desde Podemos, y sus seguidores, se han vertido tanto contra el resto de fuerzas políticas, como sus votantes. El no recibir nunca respuesta se había convertido, hasta ahora, en costumbre, en una mala costumbre. No hay nada peor que no responder de una u otra forma al que acosa porque cada vez se crece más. Eso es lo que les estaba pasando a los podemitas hasta ahora, que nadie les contestaba. En cuanto les contestan y les hacen probar de su propia medicina o se marchan o se junta todos, cual manada, alrededor de quien simplemente se defiende. De quien hasta ahora permanecía con la boca callada ante el insulto, de quien ponía la otra mejilla.

Tenemos la costumbre de decir que el silencio es la mejor respuesta contra el que ataca o insulta. Que prestarle atención es lo peor que se puede hacer, porque se le da más importancia de la que tiene. Pero haciendo eso se corre un peligro, que la cosa cada día vaya a más. Es difícil saber donde está el límite, pero muchas veces una hostia a tiempo es la mejor solución para muchas cosas. 

Ahora a Podemos resulta que les molesta que se les llame terroristas, que se les compare con Cuba y con Venezuela, o se les haga saber sus múltiples contradicciones. Pero eso, lejos de ser un insulto, es una realidad aireada por ellos mismos hasta hace bien poco, no es nada que nos hayamos inventado los demás. Que el terrorismo de ETA tiene explicaciones políticas no es algo que nos hayamos inventado nosotros. Que esté encantado en una herriko taberna y que sienta admiración por gudaris y estarras no es algo que se haya inventado nadie. Que se pasaran el día ensalzando a "su querido comandante Chávez" es algo que está en las hemerotecas, no es ficción. Que presuman de socialdemocracia enarbolando una bandera soviética lo han hecho ellos. Si pretenden que ahora nos callemos ante sus continuos cambios de rumbo aguantando encima sus impertinencias, lo llevan claro. Por lo menos por lo que a mi respecta.




















































































Ya sabéis todos, ante esta pequeña lista de improperios, de insultos y de ataques todos debemos callar. Ellos pueden ofender cuando, donde y como quieran. Y tú a callar, aquí unos solo tenemos obligaciones y otros solo derechos.

1 comentario:

  1. Cuanto más duro de lengua, más blando de oreja. Como bien dice el artículo, simplemente les han recordad algunas de las muchas cosas que han dicho y hecho. Nadie les ha insultado, calumniado ni acusado en falso; incluso les han hablado con educación y respeto. Pero les han bastado 4 verdades para mostrarse como lo que son: inmaduros y dictadores intransigentes.
    Esperemos que lo de ayer no se quede en una anécdota puntual, si no que les sigan diciendo las verdades sin dejar ni una. Es como con los abusones o los maltratadores; si a la primera bofetada le presentas batalla, no recibirás la segunda. Y si va a pegarte una segunda vez, devuelve un golpe mayor para que aprenda.

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